El pasado 7 de agosto, Gustavo Petro finalizó su estancia en la Casa de Nariño. En el momento de su salida, el exmandatario estuvo acompañado exclusivamente por su hija menor, Antonella, y su hijo adoptivo, Nicolás Alcocer Petro. La ausencia de otros integrantes de su núcleo familiar, incluyendo a su esposa Verónica Alcocer, quien se encuentra en Suecia, marcó el cierre de su administración.

La situación personal del exjefe de Estado atraviesa un proceso de separación legal, el cual es gestionado por la notaria Adriana Mejía. Según la información disponible, el destino inmediato de Petro será su residencia en Chía, un inmueble que ha permanecido en el mercado inmobiliario durante la última década y que ahora forma parte de los activos sujetos al trámite de divorcio.

Respecto a la dinámica interna, Andrea Petro declaró a medios locales que el ejercicio de la presidencia generó un desgaste significativo en los vínculos familiares. Aunque el relato oficial se centra en la soledad del acto de salida, persisten dudas sobre el impacto de estas fracturas en la estabilidad personal del exmandatario tras dejar el poder.

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