Tras la ocurrencia de un sismo, es frecuente que las personas reporten una sensación persistente de movimiento, a pesar de que la actividad sísmica haya cesado. Este fenómeno, denominado coloquialmente como sismos fantasma o mareo post-terremoto, no implica un movimiento real del terreno.

La causa principal reside en el sistema vestibular, encargado del equilibrio. Tras un evento de gran intensidad, el cerebro mantiene un estado de hiperalerta. Esta respuesta prolongada intenta procesar las señales de movimiento recibidas durante el sismo, lo que genera una falsa percepción de oscilación en el sujeto.

Aunque algunos medios han catalogado esta experiencia como un síndrome clínico formal, es preciso aclarar que no figura como una patología en los manuales de diagnóstico psiquiátrico o neurológico. Se trata de un mecanismo adaptativo del sistema nervioso ante una situación de estrés físico extremo.

Los síntomas suelen incluir mareos, inestabilidad al caminar y una sensación de balanceo que puede durar desde unas horas hasta varios días. La intensidad de estas percepciones varía según el nivel de ansiedad y la exposición previa del individuo a eventos traumáticos similares.

Para gestionar esta sensación, especialistas sugieren realizar actividades que requieran enfoque visual y físico, como caminar o realizar ejercicios de respiración. Si la percepción persiste por tiempo prolongado o impide el funcionamiento cotidiano, se recomienda consultar con un profesional de la salud para descartar trastornos del equilibrio preexistentes.

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