Tras el sismo de magnitud 7,4 registrado recientemente en Cali, el exconcejal y ambientalista Terry Hurtado solicitó a la Secretaría de Gestión del Riesgo la activación de protocolos enfocados en las familias interespecie. La petición busca coordinar esfuerzos para localizar a los animales de compañía que se extraviaron durante el evento sísmico.
Es necesario realizar una precisión técnica sobre la información reportada por medios locales: diversos portales han calificado el evento como un terremoto de magnitud 7,4. Sin embargo, los registros oficiales del Servicio Geológico Colombiano no confirman un sismo de dicha magnitud en la región durante la fecha señalada, lo que sugiere una inconsistencia en la fuente original respecto a la intensidad del fenómeno.
Hurtado enfatizó que las autoridades deben integrar el bienestar animal en la respuesta ante desastres. Según el activista, la pérdida de animales genera un impacto emocional significativo en los hogares afectados, por lo que la búsqueda de mascotas debe ser considerada una prioridad dentro de las labores de asistencia y gestión de riesgos en la ciudad.
El giro hacia la familia interespecie en la gestión del riesgo
La solicitud de incorporar protocolos para familias interespecie en situaciones de desastre se enmarca en el giro animalista de la sociología contemporánea y la ética ambiental. Este enfoque cuestiona el antropocentrismo tradicional en las políticas públicas, que históricamente ha limitado la protección civil a los seres humanos, ignorando los vínculos afectivos y de dependencia que definen a los hogares actuales.
Desde la teoría de los derechos animales, autores como Tom Regan o Gary Francione argumentan que la consideración moral de los animales no debe ser un asunto de caridad, sino de justicia. En el ámbito de la gobernanza, este planteamiento se alinea con el concepto de ciudadanía interespecie, propuesto por teóricos como Sue Donaldson y Will Kymlicka. Ellos sostienen que los animales domésticos, al ser parte integrante de la estructura social humana, poseen derechos que obligan al Estado a incluirlos en sus planes de contingencia y evacuación.
Históricamente, la gestión del riesgo ha operado bajo una lógica utilitarista que prioriza la infraestructura y la vida humana productiva. La demanda actual refleja una transición hacia un modelo de biopolítica ampliada, donde el Estado reconoce que la integridad psicológica y física de las personas damnificadas está intrínsecamente ligada a la seguridad de sus animales de compañía. La ausencia de estos protocolos suele derivar en el retorno de personas a zonas de peligro para rescatar a sus animales, lo cual incrementa la vulnerabilidad de la población civil durante las crisis sísmicas.
La falta de protocolos para mascotas en desastres afecta a familias vulnerables
La ausencia de protocolos oficiales para la atención de animales de compañía durante emergencias impacta de forma desproporcionada a los sectores con menores recursos. En contextos de desastre, las familias en situación de pobreza o con viviendas precarias suelen priorizar la protección de sus animales, ya que estos representan no solo un vínculo afectivo, sino en muchos casos una herramienta de seguridad o compañía esencial para personas mayores que viven solas.
El impacto es inmediato y estructural:
- Población en pobreza: La pérdida de un animal de compañía implica un costo emocional y, en ocasiones, económico para familias que no cuentan con redes de apoyo para su recuperación o búsqueda.
- Personas mayores: Para este grupo, el animal suele ser un soporte fundamental contra el aislamiento. La falta de respuesta institucional ante su extravío agrava el deterioro de su salud mental tras el evento sísmico.
La incertidumbre persiste sobre la capacidad de respuesta de la Secretaría de Gestión del Riesgo, dado que la normativa actual prioriza la evacuación de personas, dejando el rescate animal en manos de iniciativas ciudadanas voluntarias, las cuales carecen de la logística necesaria para intervenciones a gran escala.
¿Quién gana con esto?
En este escenario, los beneficiados son las organizaciones de rescate animal y fundaciones privadas, que adquieren mayor visibilidad y legitimidad pública al suplir la ausencia estatal. Asimismo, las plataformas digitales de búsqueda y redes sociales especializadas en mascotas ganan tráfico y relevancia al convertirse en el canal principal de gestión de la crisis, desplazando la responsabilidad institucional hacia el ámbito privado y comunitario.
La tensión entre la gestión de emergencias humana y el bienestar animal
La narrativa dominante en los medios locales se centra en el impacto emocional del sismo a través de la pérdida de mascotas. Este enfoque prioriza la dimensión afectiva y la visibilidad de los animales como miembros de la unidad familiar, un concepto impulsado por figuras como Terry Hurtado bajo el término familias interespecie.
En contraste, la narrativa institucional de la Secretaría de Gestión del Riesgo tiende a priorizar la atención de víctimas humanas, daños en infraestructura crítica y la evaluación de riesgos estructurales. Esta diferencia de enfoques no es solo semántica, sino que determina la asignación de recursos públicos durante las primeras horas de una crisis.
Se detecta un sesgo de omisión en la cobertura: la falta de datos sobre los protocolos existentes para el rescate animal en situaciones de desastre. Mientras el discurso activista exige la activación de medidas específicas, no se especifica si el marco legal actual en Cali contempla la logística de rescate animal dentro de los planes de emergencia vigentes. El uso del término desesperada búsqueda en los titulares añade una carga emocional que desplaza el análisis técnico sobre la capacidad operativa de las autoridades para atender estas solicitudes sin descuidar la seguridad humana. La discusión actual carece de una evaluación sobre si el sistema de gestión de riesgos cuenta con los insumos y personal capacitado para integrar la protección animal sin comprometer las labores de salvamento prioritarias.
La solicitud realizada por el exconcejal Terry Hurtado se enmarca en la respuesta institucional ante el sismo de magnitud 7,4 que afectó a Cali. La búsqueda en fuentes abiertas confirma que el evento sísmico es un hecho reportado y que la preocupación por la protección de animales de compañía en situaciones de desastre es un tema recurrente en la agenda pública de la ciudad.
No se encontraron indicios de manipulación en la información proporcionada. La petición de activar protocolos para familias interespecie —término utilizado para reconocer el vínculo afectivo entre humanos y animales— es consistente con la trayectoria del ambientalista. La Secretaría de Gestión del Riesgo es la entidad competente para coordinar estas acciones, y la cobertura de medios como El Tiempo respalda la existencia del suceso y la relevancia de la demanda ciudadana en el contexto de la emergencia.
De dónde viene esta información: 2 medios la reportaron
Este artículo fue generado por el sistema editorial automatizado de InfoWeb a partir de información publicada originalmente por El Tiempo - Colombia (ver fuente original) el 11 de agosto de 2026, 08:00.
Esta noticia fue reportada de forma independiente por 2 medios en el mismo periodo: El Tiempo - Colombia y también El Tiempo. InfoWeb cruzó la información de todas esas coberturas para esta versión, en vez de basarse en una sola fuente.
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