Entre 1949 y 1976, aproximadamente 250.000 mujeres solteras en el Reino Unido fueron presionadas por instituciones y familiares para entregar a sus hijos en adopción. Este fenómeno, documentado por testimonios como el de Marion McMillan, respondía a un estigma social que penalizaba la maternidad fuera del matrimonio.

Las mujeres afectadas relatan que las autoridades y el personal médico ocultaban información sobre sus derechos legales. Muchas fueron inducidas a firmar documentos de consentimiento bajo coacción o engaño, bajo la premisa de que no podrían mantener a sus hijos sin un cónyuge.

Aunque diversas fuentes han señalado que esta práctica fue una política estatal organizada, los registros históricos indican que se trató de una combinación de presiones sociales, religiosas y administrativas. No existe evidencia de una ley única que obligara a las adopciones, sino de un sistema que facilitaba la separación forzosa de los menores de sus madres biológicas.

El impacto de estas separaciones ha dejado secuelas a largo plazo en la salud mental de las madres y los hijos adoptados. Actualmente, grupos de apoyo exigen que el gobierno británico implemente medidas de reparación y acceso total a los expedientes de adopción para facilitar el reencuentro familiar.

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