Los eventos de alta intensidad, como los sismos, activan mecanismos de supervivencia que pueden persistir semanas después del suceso. Esta respuesta fisiológica, caracterizada por taquicardia, hipervigilancia y tensión muscular, es una reacción natural del organismo ante una amenaza percibida.
El médico Santiago Rojas señala que el primer paso para la estabilización es el reconocimiento de estas señales físicas. El control de la respiración es el mecanismo más directo para enviar una señal de seguridad al cerebro y reducir la actividad del sistema nervioso simpático.
Aunque algunos medios sugieren que estas técnicas eliminan por completo el trauma, la evidencia clínica indica que solo ayudan a gestionar la sintomatología inmediata. La regulación corporal es un apoyo, pero no sustituye el acompañamiento profesional en casos de estrés postraumático persistente.
Para facilitar la vuelta a la calma, se recomienda realizar pausas activas centradas en la exhalación prolongada. Estas prácticas permiten que el ritmo cardíaco disminuya, facilitando la transición desde el estado de alerta hacia un nivel de funcionamiento cotidiano más estable.
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