La expansión de los cables aéreos en Bogotá, concebidos como una solución para la movilidad en zonas de difícil acceso, presenta un avance limitado.

Según datos del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) a agosto de 2026, el único proyecto con una ejecución cercana a su finalización es el Cable San Cristóbal, que registra un 92,89% de progreso y cuya entrada en operación está prevista para diciembre de este año.

El resto de las iniciativas contempladas en los planes de desarrollo distritales enfrentan obstáculos administrativos, presupuestales y de gestión predial. El Cable Potosí, destinado a beneficiar a más de 600.000 personas en Ciudad Bolívar y Soacha, se encuentra suspendido con un avance de apenas el 1,93%, a pesar de contar con diseños casi terminados.

Otros proyectos se encuentran en etapas aún más tempranas o inciertas. El Cable Toberín fue excluido de las prioridades actuales, mientras que la línea de Usaquén sigue en fase de estudios de factibilidad, cuya entrega se espera para finales de 2027. Por su parte, el Cable Reencuentro-Monserrate enfrenta restricciones patrimoniales impuestas por el Ministerio de Cultura que complican su viabilidad.

Desde el Concejo de Bogotá han surgido advertencias sobre la falta de avances sustanciales en la mayoría de estas obras. La disparidad en la ejecución refleja una brecha entre las promesas de conectividad para las periferias y la capacidad de la administración para destrabar los procesos técnicos y contractuales necesarios para su materialización.

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