La temporada seca, agravada por el fenómeno de El Niño, mantiene en alerta a las autoridades colombianas ante la proliferación de incendios forestales. Según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), al 25 de agosto se contabilizaron 16 incendios activos, concentrados principalmente en Tolima, Nariño, Cundinamarca, Valle del Cauca y Boyacá.
La situación en el departamento del Tolima es especialmente crítica. La Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) estima que más de 27.000 hectáreas han sido consumidas por el fuego, impactando a cerca de 1.000 productores y generando pérdidas económicas cercanas a los 50.000 millones de pesos.
Ante este panorama, el Ministerio de Agricultura anunció el plan Compromiso Tolima, que incluye el suministro de heno, construcción de pozos profundos, alivios financieros y la edificación de 343 viviendas rurales.
En Cundinamarca, el balance de la Delegación Departamental de Bomberos reporta 661 incendios en lo que va de 2026, con 1.793 hectáreas afectadas. Solo en agosto, la cifra de incendios alcanzó los 221, evidenciando una aceleración de la emergencia en las últimas semanas.
Las autoridades locales insisten en que, si bien las condiciones climáticas favorecen la propagación, el descuido humano sigue siendo un factor determinante en el inicio de los focos.
La crisis se ha visto empañada por denuncias sobre el origen de las llamas. El alcalde de Coello, Santiago Herrera, señaló que existen evidencias de que personas estarían utilizando combustibles para reactivar incendios en zonas donde los bomberos ya habían logrado extinguir el fuego.
Esta práctica deliberada complica las labores de socorro y pone en mayor riesgo a los habitantes rurales, quienes han solicitado apoyo aéreo urgente para proteger sus viviendas y ganado.
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