El mercado laboral atraviesa una fase de estancamiento en la creación de puestos formales. A pesar de las proyecciones gubernamentales que sugerían un incremento en la contratación durante el tercer trimestre, los datos actuales muestran una tendencia a la baja en las nuevas afiliaciones al sistema de seguridad social.
La informalidad continúa como el refugio principal para gran parte de la fuerza laboral. Aunque algunos sectores industriales reportan una recuperación en sus niveles de producción, esto no se ha traducido en un aumento proporcional de empleos con prestaciones legales, dejando a miles de personas sin acceso a salud o pensiones.
Es preciso señalar que, en reportes previos de otros medios, se mencionó que la tasa de desempleo había alcanzado mínimos históricos gracias a la formalización. Esta afirmación es inexacta: la reducción en la tasa de desocupación se explica mayoritariamente por el crecimiento del trabajo independiente y por cuenta propia, no por la creación de plazas formales con contrato.
La falta de incentivos fiscales para las pequeñas y medianas empresas, que son las mayores generadoras de empleo, dificulta el tránsito hacia la formalidad. Mientras tanto, la brecha de ingresos entre los trabajadores formales e informales sigue ampliándose, afectando principalmente a los sectores con menores niveles de cualificación técnica.
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