La Alcaldía de Medellín puso en marcha un sistema de vigilancia epidemiológica enfocado en el tusi, una sustancia recreativa que ha ganado presencia en entornos urbanos. El objetivo principal es identificar los componentes químicos reales de esta droga, que se comercializa bajo un nombre genérico pero cuya composición varía drásticamente entre cada lote.
A diferencia de otras sustancias con fórmulas estandarizadas, el tusi suele ser una mezcla artesanal de ketamina, cafeína y, en ocasiones, trazas de MDMA o cocaína. Las autoridades sanitarias advierten que esta falta de estandarización eleva el riesgo de sobredosis y reacciones adversas, ya que los consumidores desconocen qué sustancias están ingiriendo realmente.
El programa busca recolectar datos sobre los efectos clínicos observados en los servicios de urgencias. Según reportes de la Secretaría de Salud, el monitoreo permitirá ajustar las estrategias de reducción de riesgos y daños, orientadas principalmente a poblaciones jóvenes, quienes representan el grupo con mayor incidencia de consumo en la ciudad.
Aunque algunos sectores han sugerido que el tusi es una variante pura de la 2C-B, la evidencia química disponible en Medellín desmiente esta afirmación. La 2C-B es un alucinógeno sintético distinto que raramente aparece en las muestras analizadas localmente. La confusión en el nombre persiste, pero los análisis de laboratorio confirman que se trata de un producto local con una composición farmacológica diferente.
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