Siete días después del sismo que afectó el occidente y centro del país, los centros hospitalarios en Cali, Pereira, Manizales, Armenia y Quibdó operan en condiciones precarias. La infraestructura presenta daños estructurales que obligan a mantener evacuaciones parciales en varias instalaciones.

El personal sanitario enfrenta jornadas laborales extendidas para compensar la falta de espacios operativos y el incremento en la demanda de servicios. La capacidad de respuesta está limitada por la presencia de escombros y la necesidad de verificar la estabilidad de las edificaciones antes de retomar la atención plena.

Aunque los reportes iniciales sugerían una recuperación rápida, la realidad en los hospitales muestra una crisis sostenida. Las autoridades sanitarias locales no han precisado el número exacto de camas inhabilitadas, lo que dificulta dimensionar el impacto real sobre los pacientes crónicos y de urgencias.

La situación evidencia la vulnerabilidad de la red hospitalaria ante eventos sísmicos de esta magnitud. Mientras se realizan las evaluaciones técnicas, el sistema depende de la capacidad de adaptación del personal médico para garantizar la continuidad de los servicios básicos en las zonas afectadas.

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