Para el año 2030, se estima que una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más, una tendencia demográfica que impacta directamente en la estructura de salud pública de Colombia. El aumento en la longevidad exige una transición desde modelos de atención curativa hacia esquemas centrados en la prevención y el manejo de enfermedades crónicas.

Expertos en geriatría señalan que la infraestructura actual presenta limitaciones para atender la demanda proyectada. Los pilares para enfrentar esta transición incluyen la optimización de los programas de vacunación, el acceso a una nutrición adecuada y la promoción constante de la actividad física como mecanismo para reducir la dependencia funcional en la vejez.

Aunque diversas fuentes sugieren que el sistema está preparado para esta transición, los datos de cobertura actual en zonas rurales indican una brecha significativa. La falta de especialistas en geriatría fuera de los centros urbanos principales dificulta la implementación de estrategias de detección temprana, lo que obliga a las autoridades a replantear la distribución de recursos asistenciales.

La atención de este grupo poblacional no solo implica un reto médico, sino también socioeconómico. El fortalecimiento de los servicios de salud debe articularse con políticas que garanticen el bienestar de los sectores más vulnerables, quienes enfrentan mayores riesgos de exclusión y complicaciones de salud evitables mediante un seguimiento preventivo constante.

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