Los desastres naturales como los terremotos generan un impacto inmediato en la estabilidad emocional de los sobrevivientes. La pérdida de bienes materiales, el entorno familiar y la sensación de seguridad suelen derivar en cuadros de estrés agudo que requieren una intervención adecuada para evitar secuelas a largo plazo.
El médico Santiago Rojas señala que la gestión del duelo debe ser un proceso gradual. Según el especialista, reconocer las emociones propias es el primer paso para procesar el impacto. Es común experimentar negación, ira o ansiedad en los días posteriores al evento, reacciones que forman parte de la respuesta natural del organismo ante un trauma.
Resulta necesario desmentir la idea de que el duelo debe superarse con rapidez. Algunos medios han sugerido que existen fórmulas mágicas para recuperar la normalidad de inmediato; sin embargo, esta afirmación es engañosa. La salud mental tras un desastre no sigue un cronograma rígido y la presión por estar bien puede agravar el malestar emocional de las personas afectadas.
Para quienes enfrentan la pérdida de seres queridos o de su patrimonio, el apoyo comunitario resulta indispensable. La creación de redes de acompañamiento y la búsqueda de asistencia profesional son medidas que permiten transitar el duelo de manera más estable. La persistencia de síntomas como el insomnio crónico o la incapacidad para realizar actividades cotidianas indica la necesidad de consultar a especialistas en salud mental.
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