Los desastres naturales como los terremotos generan un impacto inmediato en la estabilidad emocional de los sobrevivientes. La pérdida de bienes materiales, el entorno familiar y la sensación de seguridad suelen derivar en cuadros de estrés agudo que requieren una intervención adecuada para evitar secuelas a largo plazo.
El médico Santiago Rojas señala que la gestión del duelo debe ser un proceso gradual. Según el especialista, reconocer las emociones propias es el primer paso para procesar el impacto. Es común experimentar negación, ira o ansiedad en los días posteriores al evento, reacciones que forman parte de la respuesta natural del organismo ante un trauma.
Resulta necesario desmentir la idea de que el duelo debe superarse con rapidez. Algunos medios han sugerido que existen fórmulas mágicas para recuperar la normalidad de inmediato; sin embargo, esta afirmación es engañosa. La salud mental tras un desastre no sigue un cronograma rígido y la presión por estar bien puede agravar el malestar emocional de las personas afectadas.
Para quienes enfrentan la pérdida de seres queridos o de su patrimonio, el apoyo comunitario resulta indispensable. La creación de redes de acompañamiento y la búsqueda de asistencia profesional son medidas que permiten transitar el duelo de manera más estable. La persistencia de síntomas como el insomnio crónico o la incapacidad para realizar actividades cotidianas indica la necesidad de consultar a especialistas en salud mental.
La psicología de la emergencia y el enfoque de resiliencia comunitaria
El abordaje de la salud mental tras desastres naturales se inscribe en la psicología de la emergencia y el estrés postraumático. Esta disciplina, consolidada tras los estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre intervenciones en crisis, sostiene que el duelo no es solo un proceso individual, sino un fenómeno social que requiere contención colectiva.
El marco teórico se apoya en la teoría del apego de John Bowlby, que explica cómo la pérdida súbita de entornos seguros altera la estructura psíquica de las personas. Históricamente, tras eventos sísmicos, se ha observado que la medicalización excesiva de las emociones puede ser contraproducente. En su lugar, la literatura académica actual prioriza los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), un protocolo que busca estabilizar a la población mediante la escucha activa y la normalización de las reacciones emocionales, evitando patologizar respuestas que son, en esencia, adaptativas ante una situación extrema.
Vulnerabilidad emocional en poblaciones afectadas por la pérdida habitacional
El impacto de un terremoto es desigual. Las personas en situación de pobreza y quienes habitan viviendas precarias enfrentan una doble carga: la pérdida de seres queridos y la desaparición de su patrimonio, lo cual agudiza la incertidumbre sobre el futuro inmediato. La niñez y la adolescencia son grupos de alta vulnerabilidad, ya que la ruptura de sus rutinas escolares y familiares puede derivar en trastornos del desarrollo emocional si no existe un acompañamiento adecuado.
La población rural suele quedar en una posición de mayor desprotección debido a la dispersión geográfica y la menor disponibilidad de servicios de salud mental especializados. El mecanismo de impacto aquí es la indefensión aprendida, donde la falta de recursos para reconstruir el entorno físico refuerza el trauma psicológico.
Actores beneficiados:
- Instituciones de salud pública, al reducir la carga de pacientes con cuadros agudos mediante la prevención.
- Organizaciones no gubernamentales, que encuentran en estos espacios de orientación un canal para canalizar ayuda humanitaria.
- El sistema de salud privado, que puede captar demanda de atención psicológica a largo plazo.
La gestión individualista frente a la responsabilidad estatal en salud mental
La narrativa dominante en los medios masivos tiende a enmarcar la salud mental post-desastre como una cuestión de gestión personal. Al centrarse en consejos de un experto para controlar emociones, se desplaza el foco de la responsabilidad estatal en la provisión de infraestructura y servicios de salud pública. Este enfoque individualista omite que el duelo y el trauma son, en gran medida, consecuencias de fallas en la gestión de riesgos y la calidad de la construcción.
Se detecta un sesgo de omisión estructural: al presentar herramientas de afrontamiento, se asume que el individuo tiene la capacidad de sanar si sigue ciertas pautas, ignorando las barreras socioeconómicas que impiden el acceso real a terapia. Las narrativas alternativas, provenientes de movimientos sociales y colectivos de víctimas, insisten en que la salud mental es un derecho colectivo vinculado a la justicia social y la reparación, no solo un ejercicio de resiliencia privada. El uso de un lenguaje centrado en el control emocional puede minimizar la legitimidad de la rabia o la indignación social ante la pérdida evitable.
La información presentada se centra en una labor de orientación psicológica y médica liderada por el doctor Santiago Rojas, figura reconocida en el ámbito de la salud integral y el manejo de emociones en Colombia. El contenido no presenta afirmaciones fácticas que requieran validación estadística o política, sino que se enmarca en la divulgación de herramientas de acompañamiento ante situaciones de crisis, como las derivadas de eventos sísmicos o desastres naturales.
Tras realizar una búsqueda sobre la trayectoria del profesional mencionado, se confirma que el doctor Santiago Rojas mantiene una actividad constante en medios y plataformas digitales enfocada en la medicina paliativa, el manejo del duelo y el bienestar emocional. No se detectan elementos de sensacionalismo, lenguaje alarmista o inconsistencias en la propuesta del artículo. La naturaleza del texto es de servicio público y orientación, por lo que el riesgo de desinformación es mínimo.
Al tratarse de una pieza de corte divulgativo, la ausencia de múltiples fuentes adicionales no compromete la veracidad del hecho, ya que el enfoque es la intervención profesional del médico citado. Se recomienda que el artículo final mantenga un tono empático y preciso, evitando generalizaciones sobre los procesos psicológicos individuales tras un evento traumático.
De dónde viene esta información: la nota original de El Tiempo - Salud
Este artículo fue generado por el sistema editorial automatizado de InfoWeb a partir de información publicada originalmente por El Tiempo - Salud (ver fuente original) el 27 de agosto de 2026, 08:03.
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