El fenómeno de El Niño genera condiciones ambientales que alteran los patrones de salud pública. El epidemiólogo Carlos Álvarez señala que las olas de calor, la sequía y los incendios forestales aumentan la incidencia de cuadros respiratorios y enfermedades transmitidas por vectores.

Las altas temperaturas y la mala calidad del aire, agravada por el humo de incendios, afectan principalmente a niños y adultos mayores. Álvarez sostiene que la estrategia sanitaria debe priorizar medidas preventivas para reducir la presión sobre los servicios de urgencias hospitalarias.

Aunque algunas fuentes han sugerido que el consumo de agua tratada es innecesario en zonas rurales durante este periodo, esta afirmación es incorrecta. Las autoridades sanitarias confirman que el riesgo de enfermedades gastrointestinales aumenta ante el estancamiento de fuentes hídricas, por lo que el tratamiento del agua es indispensable para evitar brotes.

El seguimiento de los niveles de hidratación y la protección contra la radiación solar son otras recomendaciones técnicas para mitigar los efectos del clima. La capacidad de respuesta del sistema de salud depende de la vigilancia epidemiológica activa en las regiones con mayor déficit de precipitaciones.

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